Cada tanto, ella estira tensamente los mechones de sus flequillos con
ambas manos y los acomoda a los costados de su puntiagudo rostro con los ojos
cerrados. Y su cadera izquierda se ladea peligrosamente, entonces me quita el equilibrio.
Ella es
dueña del misterio y este es su dueño. Yo solo lo soy de mi cama ,y de las
sucias copas que compro. Pero sin embargo, noche tras noche yo vengo a confesarle mis penas mudas y ruego porque un día ella me entienda.
Sigo
contemplándola intensamente, totalmente rendido ante su deliciosa y etérea
presencia. Pero sus ojos niegan al público, su lealtad es para con la música,
no conmigo ni nadie más
- Marche
otra copa – ordeno una vez más y me pierdo en ella.
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