Cuando
llega al otro extremo desciende hasta el solitario fondo cual curioso
submarino. Allí no se enreda en palabras, no necesita explicar su locura, sino
que encuentra un retoño de libertad.
Apoya su
estómago y observa la belleza en las cerámicas del color de su nombre. Estas se
asemejan a pequeños cristales que cobran vida ante su tacto y aquella visión le
roba una lágrima. Sin embargo, cada vez que lo hace sonríe al notar cómo la
rebelde gotita de tristeza muere en el azul intenso. Entonces ve los problemas
que la corrompen como simples imperfecciones, ingrávidos, débiles. A Celeste la
desesperación le inundó su mente hace tiempo, pero allí debajo, su cuerpo
responde naturalmente. Cada bocanada le ilumina un poco más su alrededor y
aguarda a que le aparezcan branquias en su cuello y membranas en sus dedos:
metamorfosis.
De
repente siente un fuerte pitido en sus oídos y un terrible golpe cruza su
garganta, anegándola de dolor, paralizándola y envenenando a sus ojos de
ceguedad. Apenas logra divisar unas burbujas, pero la razón no le dice que
provienen de su boca. Se pierde en su inconsciencia, pero pronto asciende a la
fuerza.
Cuando vuelve a respirar, comienza a llorar. De vuelta está entre los extraños del natatorio.
Cuando vuelve a respirar, comienza a llorar. De vuelta está entre los extraños del natatorio.
Qué relato curioso y diferente, pero aún así, FANTÁSTICO. A veces es un poco aburrido leer siempre lo mismo, por eso me gustó este. Es distinto :D
ResponderEliminarFelicidades en este día ^^ (lo dije por twitter)
Besos agridulces, Sash♥ Y sigue escribiendo así!
Que te arranquen así de el sitio en el que te sientes tan bien... ojalá algún día vuelva a completar esa metamorfosis.
ResponderEliminarUn beso
(y saludos de Venus,
desde las calles de Italia)
El curioso caso de la sirena metamorfoseada, lástima que haya sido interrumpido... Sería toda una belleza...
ResponderEliminarSaludiness!