sábado, 6 de abril de 2013


No hay peor castigo que vivir en un eterno domingo; vano, perforado. Debería atreverme a hacer más que observar sin voto, desde mi cama, cómo él desea a otras muchachas cada vez que yo muero.

No debería permitir que el fuego que brota de mis raíces creme mis pensamientos y aborte mis sentimientos; deslizándolos inertes sobre mi cuello para dejar un enchastre en el suelo. No debería desaparecer entre el sinfín de almas que juegan ingenuamente a sobrevivir día tras día, pero lo hago y no puedo evitarlo. Porque una vez que piso el lodo, no hay modo de saber cuando volveré. Lucharé pero terminaré cayendo, y desapareceré en el centro de la tierra hasta que elija renacer. Criatura de carne y barro, caminaré sin músculos entrenados y huiré, rogando no encontrar un abismo al final.
El no ser perfecta, me hiere. Sylvia Plath

2 comentarios:

  1. Me ha dolido desde aquí, porque se entrelaza tan bien con la pequeña reflexión de mi blog. Así me siento yo tantas veces: en un domingo eterno.

    "No debería desaparecer entr el sinfín de almas que juegan ingenuamente a sobrevivir día tras día, pero lo hago, y no puedo evitarlo".


    Fíjate, que hasta que no he visto el final, pensaba que lo habías escrito tú. De todas formas, gracias por traerlo y también por pasarte :)
    (Abrazo)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Son mis palabras. Solo la última gran frase es de Sylvia Plath.

      Eliminar