(Escuchar: Iron & Wine - Fever Dream )
Vamos por la carretera una fría tarde de otoño.
Tú, mi
amiga, conduces serena, concentrada en
ello. Sin embargo, yo sé que por dentro te palpita la angustia, entonces me limito a ir callada y embargada
de melancolía.
No encuentro distracción, no hay
pájaros sobrevolando por acá. El gris y el azul opaco nos sublevan, exteriorizando
nuestra tristeza y el tenue viento escurre sin triunfo mis lamentos.
Esta
mañana llovió, lo noto por el brillo que barniza a la flora. Esta mañana algo
cambió, lo refleja tu compungida cara. Desearía que dejaras de moverte inquieta
en el asiento, aumentas mi ansiedad hasta la médula. Sólo espero no estés
preguntándote lo que yo me pregunto. De ser así, me arrojaría del auto en este
preciso momento.
‘Locuras
no’, me censuro.
Próximo
en el camino, se irgue un túnel abrigado por hojas y bayas. En apenas segundos
desapareceremos de la vista del cielo cual efímeros parpadeos y nos
internaremos en él. Allí mis penas resultarán débiles comparadas al inextricable
misterio de la oscuridad. Allí, los glaciares en mi pecho se fusionarán,
permitiéndome respirar. El silencio hostil me inundará de dudas, pero esperaré
a que decidas rescatarme de este abismo plegado en horizontal.
Esos
segundos ya son historia, la breve eternidad se va. El sol queda eclipsado por
este corto y sombrío trecho. Mi corazón resuena
cual contrabajo y todo lo que predije, sucede. Lo primero que te preguntaré al
abandonar la oscuridad será crucial.
Al
divisar la luz nuevamente, alojo las palabras entre mis labios, preparadas para
ser disparadas sin clemencia. Sé que me he equivocado y no merezco tus sonrisas,
pero el simple hecho de que no detengas tu mirada en la mía me corrompe hasta
el alma.
Eres el
mero significado de la amistad, eres un lado de la rebelde báscula en
la que ambas sobrevivimos día a día. Eres, desde hace ya un tiempo, mi
ventrículo derecho.
Entonces
abandono el infestado miedo que me corroe cuando el aroma a tierra mojada
vuelve a danzar exquisitamente bajo nuestras narices.
- ¿Seguirás
siendo mi amiga, Sofía? – demando de un tirón.
Tú embebes
la respuesta en el vino amargo que ahora es tu saliva y la estrujas al aire.
Esta serpentea en cámara lenta hacia mí y yo la atrapo ansiosa entre mis manos.
De
repente alguien ríe, alguien canta, alguien ama y me apresuro a remendar los
retazos sobrevivientes de nuestra amistad, ya que todo mi temor lo exilió tu
perdón.
lindo lindoooooooooo
ResponderEliminarviste que yo te dije que lo siguas jaja :)
sigue asi pequeñaaa
Es bella tu forma de narrar el movimiento aunque personalmente la sobreadjetivación no le hace justicia, demasiada metáfora comprimida a una escena tan cotidiana.
ResponderEliminarbeso.
Gracias por tu opinión, enserio. Lo tendré en cuenta :)
EliminarY es que la amistad es lo más importante (siempresiempre deberíamos protegerla).
ResponderEliminarMuchas sonrisas neoyorkinas. P.