Ella
utiliza la luna de Valencia como columpio. Hacia adelante y hacia
atrás, en círculos y de Norte a Sur. Pues tan sólo es una niña, quien
adorna de amapolas a su cabello enmarañado y abriga su escuálido
cuerpecito con voluminosos mantos.
Por
momentos, sus pensamientos se enfrascan en un soliloquio despiadado. Pues allí se ha instalado al descubrir que la luna comprende lo que significa ser humano: Solitario y creado por imperfecciones. Así es que la niña, inteligente pese a su juventud, piensa que allí tal vez el paso del tiempo se detenga en sus huesos. O al menos eso espera.
Por otros momentos, su fuerte cuerpecito retoma velocidad de juego y se dispone a atajar la lluvia de estellas que cae sobre ella. Toma una tras otra, sus mejillas fulgurantes, y coloca las más brillantes en una pequeña pila.
Por otros momentos, su fuerte cuerpecito retoma velocidad de juego y se dispone a atajar la lluvia de estellas que cae sobre ella. Toma una tras otra, sus mejillas fulgurantes, y coloca las más brillantes en una pequeña pila.
Sin embargo lo que ella aún desconoce, es que a cada sideral minuto se consume su etérea belleza. Pero ella continúa en la luna de Valencia, hacia adelante y hacia atrás, en círculos y...
Déjala que juegue con las amapolas, ya se dará cuenta; todos despertamos en algún momento.
ResponderEliminarMuy bonito.
¡Un abrazo!
Hay que tener cuidado de no caer y darse de bruces contra el suelo.
ResponderEliminarTe ha quedado precioso.
Por cierto, ¿el dibujo de cabecera es tuyo? Es muy gracioso, me gusta mucho. :)
¡Un beso!