Dudo. Una extraña ha obstaculizado a mi protagonista. Y el duplo de dudas no cesa.
Es que la azarosa arbitrariedad, ¿es ella o yo? ¿A o B?
¿Exisitirán siquiera estas opciones? ¿O tal vez una única y eterna opción 1 permanece anclada entre sus pulmones, picando a lo mártir y suturando en los recovecos de su latosa consciencia?
Si fuera así, A no bastaría. Si fuera así, B tampoco lo haría.
Me engaño. Quizás no sea su protagonista.
Quizás esta vez no haya historia que contar.
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