lunes, 8 de octubre de 2012

Lo cierto es que quiero pasar un día de manos atadas, de boca empedrada y de sentimientos muertos. Solo quiero que alimentes mi genio, que me brindes cosas nuevas con las que enredarme por el resto de la semana. Sin manos, sin brazos, sin labios, sin cafés. Tal vez alguna historia o alguna filosofía inventada, tanto fruto del aburrimiento como de una imaginación ilimitadamente desenfrenada, de esas que a uno lo ataca sin aviso, y hasta llegan a asustarnos de veras si no sabemos como tratarla. 
Porque para ser tu juguete tengo tiempo, de eso estoy segura. Te preguntaras qué quiero decir peroo puedo recurrir a la especificación, sería una traición a esto que quiero y que por una vez no lo pienso. Porque esta vez dejé que mis posesionados dedos jugaran a una rayuela vertiginosa con este teclado usado, fiel testigo de esta laguna catártica.
¿Así que podrías pararte frente a mi y...? No, qué digo,  si de pie no puedo mantenerme ni un minuto. Dejame intentarlo de nuevo: ¿podrías sentarte frente a mí y tan sonreírme diálogos burdos de película?
Bueno, en verdad no no importa. Pero sí es necesario que hoy no me toques a tu gusto, sino que sólo hables, que te ataque una verborrágea sin anestecia: Una palabra, dos palabras, tres palabras, cuatro palabras inmigrando de tu boca, resbalando por la mía y estrellandose en mi predispuesta consciencia.

(Hace apenas unos días me prometí no volver a escribir y hoy me doy cuenta que fue un modo de castigo. Desde ahora me permito escribir cuando tenga una necesidad imperiosa de trasmitir, no de forzarme a inventar mundos que no puedo erigir).

No hay comentarios:

Publicar un comentario