Objetos que
contemplar tiene de sobra pero, ¿y el tiempo?
Esa
madrugada no era la misma madrugada pasada. Esas lágrimas en su rostro, hoy no
habían sido derramadas. No, ella lo recuerda claramente. Las gotas que se
acunan en su rostro pertenecen a un tiempo remoto. Sin embargo, al acariciarlas con sus manos,
descubre la frescura contra su tacto.
¿Qué es hoy, que fue ayer y cuando
es mañana?, se
pregunta.
Asustada,
comprende. Abre el viejo ejemplar y lo confirma. En su primera página lee un
garabato: 2003. Entonces, ¿aquel
libro descansaba sobre su regazo hacía 5 años? Imposible, ¿Acaso bellotas y
semillas habían bastado para su supervivencia?
Mila
quiso ponerse en pie pero sus débiles piernas no respondieron. Indefensas, repletas de hierba y protegidas
por una coraza grisácea y lisa, se estaban convirtiendo en parte del roble.
Le siguió
su torso y, antes de que su corazón se entregara, rasgó cómo pudo un retazo de
papel y trazó en él la última palabra que le dejaría al mundo.
Para
cuando él llega, sin ecos y cuidando de sus pasos, ella humana ya no parece.
- ¡Mila, Mila! – desgarra sus pulmones a sal,
raspando sus pena mayor al aire.
Entonces encuentra un retazo de pergamino escondido entre la hierba. Lo abre y allí lee:
Adiós.
Me ha encantado el primer párrafo, y como juegas con el tiempo :)
ResponderEliminar¡Un beso!